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10 de mayo de 2026

Alas para volar

Viajando a Perú para acompañar a un equipo, recordé algo muy significativo que viví en agosto de 2023. Al subir al avión, una mariposa naranja se posó en la ventana de mi asiento.

Alas para volar

Viajando a Perú para acompañar a un equipo al que estimo mucho en un proceso de coaching, recordé algo muy significativo que viví en agosto de 2023. Al subir al avión, justo antes de despegar, una mariposa naranja se posó en la ventana de mi asiento. Era grande, vibrante, y sentí que me hablaba. Me emocioné profundamente. Sentí que, al igual que yo que emprendía un viaje, ella también lo haría. Me cayeron lágrimas sin entender del todo por qué. Luego, la mariposa alzó su vuelo… y yo también.

Mientras el avión se elevaba —algo que nunca ha sido de mi agrado— comencé a escuchar música para calmarme. De pronto, sonó una canción que no recordaba haber guardado: "Vuela". Una de sus frases decía: "Anda, vuela, abre tus alas al viento. Vuela así como me enseñaste: libre y sin miedo." No le presté mucha atención en ese momento, aunque la letra y la melodía me tocaron el alma.

Llegué a Perú, acompañé al equipo, fue una experiencia mágica, llena de aprendizajes. Esa tarde me quedaba algo de tiempo para caminar. Salí entusiasmada, pero al llegar a la esquina a tomar un taxi, me di cuenta de que no tenía la billetera. Solo tenía, en un bolsillo, mi carnet de identidad. Estaba sin dinero, sola, en otro país. Regresé al hotel con una sensación de soledad indescriptible. Me abracé a mí misma y lloré largo rato. Por suerte, al día siguiente podía ir al aeropuerto con mi carnet y volver a mi país. Agradecí a Dios y a quienes me sostienen desde el cielo.

Al llegar al aeropuerto, algo me impulsó a preguntar: "¿Y si alguien encontró mi billetera y la dejó en algún lugar?" Sonreí por mi ingenuidad, pero seguí el impulso. En el módulo de objetos perdidos, pregunté si había una billetera con mis documentos. Me dijeron que no. Me di media vuelta para irme, pero recordé que en esa billetera llevaba el carnet de identidad de mi abuelo, quien fue mi gran amor, mentor, padre y abuelo. Volví y pregunté por un carnet a su nombre. Mencionar a alguien que ya no está fue como traerlo de vuelta por un instante.

El guardia me miró y dijo: "Espere un momento… sí, con ese nombre hay una billetera." Y, mágicamente, apareció todo: mis documentos, el dinero, y lo más impactante… una bolsita transparente con el carnet y la foto de mi abuelo mirándome. Sentí una emoción indescriptible. Me inundó el agradecimiento. Me sentí profundamente acompañada, sostenida. Hasta ese momento, pensaba que era una historia mágica, perfecta para compartir a mi regreso. Nunca imaginé lo que realmente venía a mostrarme.

Al volver, tenía una reunión para diseñar un programa de liderazgo femenino que me entusiasmaba profundamente. Al terminar, recibí una llamada: debía ir urgente al hospital. El cáncer de mi mamá, que había estado controlado hace un tiempo, había vuelto, y esta vez se había extendido por varias zonas de su cuerpo. Me quedé suspendida en un silencio abismal. Dos meses después, mi mamá partió… volando, como esa mariposa.

Hoy, nuevamente viajando a Perú, me desperté de golpe en el avión, medio dormida, y recordé todo ese viaje. Las sincronías, los símbolos… y comprendí el mensaje completo. Esa mariposa posada en la ventana había venido a anunciarme lo que vendría. Lo hizo de la forma más sutil y delicada. Me mostró el poder de morir para transformarse. De renacer. De desplegar unas alas frágiles pero firmes, que permiten un vuelo lleno de armonía.

Pensé también en la pérdida de mi billetera: el símbolo de perder todo, menos a mí misma (simbolizado por contar con el carnet de identidad) y de llegar a la vulnerabilidad máxima frente a lo inevitable: la muerte. Pero también en cómo mi abuelo me recordó que, en medio del caos, él vendría a buscar a su hija amada. Y que lo haría en un vuelo suave, tal como era él.

Y entendí que no estoy sola. Porque aunque no estén en este plano, cuando pronuncie sus nombres, ellos estarán ahí. De alguna forma. Siempre en momentos claves aparece esa mariposa naranja volando con su suave vuelo, feliz de estar liviana y acompañándome.